El amor y la atracción no siempre van de la mano. Compatibilizar el ideal de pareja con el placer físico puede resultar un fracaso.
¿Por qué nos cuesta enamorarnos de quien nos conviene? ¿Cuantas veces dejamos en el camino personas estupendas que nos harían felices? ¿Por qué está todo bien, menos las ganas de algo más?
Por ejemplo, cuando te encuentras con una persona a la que quieres, que sabes que te quiere mucho, pero por la cual no sientes una especial atracción física. Puede tener buenos sentimientos, puede tener ganas de darlo todo por ti, pero no sabes si lo que a ti te pasa se corresponde con los sentimientos del otro.
La falta de deseo sexual produce insatisfacción. Además, cuando no tienes ganas de sexo y esquivas las oportunidades, inevitablemente lo transmites, la otra persona percibe que te estas escapando, aunque lo quieras disimular.
Te puedes confundir pensando que la falta de deseo tiene que ver con algún problema sexual de tu parte. Pero primero trata de aclararte la confusión. Piensa, no basta con quererle. No creo que “lo primero sea el amor” en las relaciones de pareja. Creo que para elegir a alguien, lo primero es que te atraiga, que te guste, que te sientas seducido por el otro. Este es el punto de partida, y desde allí sí puedes ver si comparten valores, gustos, intereses o proyectos.
¿Puede funcionar al revés? ¿Si primero conoces a la persona que coincide con tus expectativas de pareja para que luego, y en un segundo momento aparezca la atracción? Pues creo que sí, pero sólo en aquellos casos en que el conocimiento íntimo te descubre facetas que te conquistan del mismo modo, es decir a partir de la posibilidad del placer físico, sensual, sexual. Si esto no sucede en algún momento, terminarás por sentir que la frustración te invade: la relación no te sirve.
Los tiempos en ésto son variables, singulares, algunas personas sólo necesitan una cita para darse cuenta que la pareja elegida no se condice con su búsqueda. Otros, necesitan años para replantearse la continuidad o no de una relación. Aprende en cada caso a respetar tus propios tiempos. Sé honesto con lo que sientes, en cualquier caso, y cualquiera sea tu decisión.
La inseguridad da lugar al miedo a hacerle daño al otro, miedo a engañarlo por no sentir lo mismo que la otra persona. La culpa que puede aparecer cuando sientes que con tus dudas estás perjudicando al otro puede ser la luz amarilla que te sirva para replantearte seriamente la situación. Pero para no lastimar, es necesario primero no lastimarse a sí mismo, sosteniendo elecciones que no te hacen feliz. Si no estás bien con tu pareja, no podrás hacer que tu pareja se sienta bien. La reciprocidad es un ingrediente fundamental en una relación de dos. Si no existe, es importante la posibilidad de darle al otro la oportunidad de encontrar una pareja que le corresponda.
Cuando conoces diferentes personas con las que intentas establecer una relación amorosa, a veces funciona, a veces no, a veces funciona por un tiempo y luego te das cuenta que ya no, o quizás te parece que comparte contigo un montón de cosas, pero… algo falta.
Estas situaciones suelen darse particularmente
Cuando son relaciones primeras. Cuando tienes una pareja por primera vez, no tienes parámetros y esto puede confundirte. Se mezclan a veces la inexperiencia, los prejuicios, los ideales y las fantasías con la realidad. Sabes que hay insatisfacción en la relación pero no tienes claro a qué atribuírselo.
En personas que se separan, y al tiempo conocen a alguien que cuenta con una enorme cantidad de virtudes, actitudes, valores o reacciones que la pareja anterior no tenía, y que entonces resultan tan importantes y valoradas. Ya que vienen a suplir las carencias de la pareja anterior. Dejas de lado entonces el análisis de lo primordial: ¿te gusta realmente?, ¿Te atrae? ¿O solo te estas dejando llevar por la seducción de todo lo que esta persona te ofrece y deseaste de tu pareja anterior?
Quizás creas que “con esfuerzo puedes conseguirlo todo”, pero para esto no hay nada que la voluntad pueda hacer… frases del tipo “escucha lo que te dice el corazón” o “el corazón tiene razones que la razón no entiende” dan cuenta de que aquí, la voluntad es inútil. Por más que te esfuerces, si no te atrae, el deseo no aparecerá.
La necesidad de estar en pareja, que traducido significa que no puedes estar sólo, necesitas alguien al lado que te sirva de referencia, de compañía, que te reafirme que eres importante para alguien. Sin ello te sientes perdido, desorientado, sin ser. Las elecciones entonces se dirigen a parejas que hagan de sostén, sin importar si te atraen o no. Muchas veces se paga un precio muy alto por no estar solo, sosteniendo relaciones que van degradándote, haciéndote sentir tan vacío como solo. Igual.
Si bien el enamoramiento sensible, la pura atracción física, son perecederos, el amor de pareja requiere deseo, atracción y gozo en la experiencia sexual. También todo lo demás que supone comunicación, compromiso, intimidad, cuidado recíproco, apoyo, proyectos. Pero si lo primero no existe, la relación no es de pareja, es amistad o compañerismo o un intento fallido de algo que quiere parecer lo que no es.
Es necesario que exista la atracción afectiva, que consiste en los sentimientos de amor y cariño entre ambos. Pero no es suficiente. Las parejas se integran cuando aparece la atracción física también. Cuando esa atracción se hace recíproca se manifiesta en el enamoramiento, y una de sus características es la búsqueda del acercamiento y de las relaciones sexuales gratificantes para ambos.
En estos tiempos, la mayoría de las elecciones son voluntarias y por lo tanto, la responsabilidad de las consecuencias recae sobre cada uno. Es tu elección no conformarte, buscar, elegir lo que realmente te haga feliz. Siempre vale la pena intentarlo.
“…tal como ocurre con el verdadero amor, cuando llega no hay dudas. Y si hay dudas, no es.”